no es a veces una odisea abrirlos a diario,
no te acuestas sin pensar en la incertidumbre
de no saber si resucitaras al mañana;
no es a veces simplemente difícil mirar la verdad que se planta delante,
esa realidad que tratamos de evitar,
esa que nos abraza de a pocos para ayudarnos a reaccionar.
A veces no esperas demasiado un abrazo extranjero,
ese abrazo que se acerca como acechando,
furtivo en el aire, en el espacio, en el tiempo indicado,
como si uno no estuviera atento y dispuesto a aceptarlo
como si ya no fuera suficiente aguardarlo.
A veces no esperas con ansias un beso que te robe el alma,
que te desprenda de las ansias de probar otros labios,
que te eleve en un segundo al estarlos rozando.
A veces, cansados de escuchar lo mismo,
alguien arroja algún fragmento ajeno,
algo que de pronto parece nuevo,
quizás un te quiero, quizás un te acompaño,
quizás sin hablar, sin despojarse de alguna palabra,
te dicen de todo con solo estar.
A veces duramos mucho en darnos cuenta que todo es efímero,
las palabras se van con el blandir de una mano,
las acciones no tienen algún peso
y tanto la memoria como el corazón
padecen de algun Alzheimer sin razón
A veces duramos demasiado en percatarnos
que la vida es un hoy constante,
que no hay ningún mañana seguro,
que el pasado no regresa,
que la vida con cada noche termina
y comienza.
La vida es una felicidad en si misma...
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