escuché algo parecido a granos de arroz que caían,
que se esparcían dentro de la olla metálica,
granos, que ligeros, se estrellaban en el techo,
en silencio, obedecí al sentimiento de la emoción;
"¡si, esta garuando!" me dije y en medio de las sábanas me enrosqué,
con la ilusión de descansar lloviendo,
y dormí con los ojos abiertos.
Y me levanté,
un tanto moribundo diría Serrano,
espantado por la hora, la pereza y el hambre,
y admiré a través de la ventana la llovizna;
ver llover, tan sano ejercicio.
Y me dejé ir,
Llevo días pensándote,
y me he aferrado a una idea tan absurda,
quizás por estar camino a reencontrarme,
a estar nuevamente conmigo mismo, en mi soledad,
te has clavado entre ceja y ceja,
estas acá, ahorita que escribo, que te pienso,
si existes, pero a la distancia.
No lo comprendo. Y encojo mis hombros,
depuro pensamientos,
estos sentimientos, y escampo en lo absurdo,
te escribo, te pienso a ratos, mas que nada cuando no respondes,
¡Que bobo!
¿Quien eres?
Lo desconozco.
¿Quien soy?
Es una pregunta que tiene una respuesta aun mas descabellada,
ni yo lo se a veces.
Ahora llueve mas, diluvia, ¡que hermoso paisaje!.
Mi estado de ánimo se traspapela entre las gotas:
Este clima, tan desolado, frío, triste, es tan hipnótico;
ver llover, no pasa el tiempo, no pasa la vida, no pasa nada.
¡Oh Silvio!
Que será de la gota de rocío,
que cae en el rostro de quien no puede amar
ni puede amarme,
¡Oh Silvio!
Mejor que no llueva mas.
Dejó de llover,
dejo de lavar mi interior,
veo la hora y me zambullo en mi sarcófago,
imitar el descanso eterno
-ojalá pueda dejar de pensarte tanto-
"No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió";
ojalá pueda ver llover y estar sereno en mi soledad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario