Cuanto castiga la lengua,
mas aun sin hueso,
como un zanjir
que escarmienta
el cuerpo que
a rastras carga,
como cantimplora,
lo proferido en el tiempo.
Y ahogarse en los recuerdos
ejecutando el flagelo
cuando no hay necesidad mas que
de esperar a que llegue el tiempo,
sin mas, me esmero
y en el continuo no me detengo
mas que a recordar;
en lo encarnado
una pregunta pulula sin parar,
¿que haces castigándote?
si ya aquel juego del azar
te dio tu merecido,
deja ya de recordar.
Y recuerdo,
y no me detengo,
y pienso en cuando llegaste,
que para aquel entonces
ya eramos parte,
por destino, por Dios,
por lo que quizás unos llamen karma,
yo creo que fue por amor,
las fuerzas de la naturaleza confabularon
para convertirnos en los bufones
de su corte,
para unirnos en aquellas noches,
con el fin de separarnos en estas;
y la carne se desprende,
pero como no he de herir este estuche,
si se extraña lo que para aquel entonces
era el mejor obsequio,
a vísperas de un aniversario,
creo que te extraño.
No por ser masoquista
me atrevo a decir
que al recordarte hoy
al fin puedo sonreír.
Son hojas de aire, los sueños y emociones que en estas humildes palabras tratan de abrirse paso, de crecer de dar un aliento de quizás algún día llegar a ser...
"Pero por mucho que uno marche, hay cosas que uno siempre lleva consigo, cosas que le envuelven o le punzan por dentro. La ilusión de vivir libre a toda costa y de estar siempre disponible para toda oportunidad que se ofrezca, impide echar raíces en el suelo y . . .. No se puede cortar a un hombre toda relacion con el pasado, no se puede mandar a nadie por el mundo sin raíces, Aunque el pasado sea doloroso o vergonzoso, nos pertenece tanto como le pertenecemos!". Emiliano Jimenes
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