Meditando él se pregunta,
¿que tan veraces fueron sus palabras,
en algún momento fueron reales,
las sentía cada vez que las decía o
solo fingió y jugó con las ilusiones
que vacilante inventó?.
No tiene respuesta,
ni a nadie cerca a quien preguntar,
como otras tantas noches
alguna conclusión forzada obtendrá.
Ella, a la distancia, quizás aun se acuerda, de que hace no mucho
alguien anduvo rondando su caminar,
a grandes rasgos un beso siente que le eriza,
algún susurro que distrae su pensar;
quizás aun lo quiera, quizás no lo ha podido olvidar,
quizás fue solo un impulso el que la llevo a desear
compartir un rumbo desigual.
Él sigue con sus dudas,
sometiendo a un interrogatorio su amor y su corazón ,
uno que no tiene conclusión;
y cada noche cuando regresa a su hogar
retoma el ciclo de su escritura,
esa con la que se desahoga,
la que él ama cada vez que deja de digitar.
Ella descansa y seguramente mirando por su ventana,
envía besos y caricias, susurra palabras,
deseando que aquel que en algún momento le acompaño,
las escuche en los murmullos de la noche
sienta su calor.
Terminada la faena, él recuerda que no hace mucho era feliz,
que sus angustias y luchas eran menos que las de hoy,
que el amor quizás llegó cuando el menos lo esperó,
que como una ligera gripe su ser invadió,
y como la misma su alma abandonó,
con la pequeña diferencia que ese virus
él desde tiempo atrás anheló.
Ella a ratos duda, percibe una dosis de..., de locura mezclada con razón,
a ratos desea cambiar lo que ha venido a ser la realidad,
a ratos desea poderlo amar,
a ratos deja de vivir en su mundo y quizás,
solo quizás, en ese instante, empieza a fantasear,
y es en esas ilusiones donde aquel sentimiento, que no le pudo entregar
se escabulle de su pecho,
lo entrega sin titubear.
Que difícil fue el amor,
mas cuando ella a él le dio un no,
no un no directo, mas que nada camuflado,
un no de esos que erizan, esos no que cuando se dejan ver
cuando sin maquillaje, sin ilusión,
no dejan nada a la imaginación,
esos no que matan,
que sin ser armas no dejan nada.
Él sigue aquí,
a ratos se cuestiona
a ratos la recuerda,
a ratos con los ojos abiertos, tratando de escribir,
siente como aquellos labios que besó,
regresan para darle el último aliento,
el adiós.
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