en algún despeñadero
en alguna costa
que se oculta en alguna isla
que tras la niebla se asoma.
Traducir los respiros como latidos
y presenciar como con las olas
todas las tristezas se evaporan
perderse en el oleaje en el sonido tan singular
que al llegar a la orilla se ha de pronunciar,
escuchar como al chocar con las rocas
los males se alejan como nubes viajeras.
Y recordar que soy un naufrago
sin rumbo sin barco
con un gran horizonte
que hoy busco alcanzar.
Y verme arrojado,
en las rocas apostado,
con los ánimos quebrantados
con los pasos cansados.
Y buscar en el cielo
alguna fuerza superior
que guíe mis pasos,
que me devuelva el suspiro
que el amor me quitó.
Aun estoy en estas rocas,
con ánimos de avanzar,
con respiros renovados
con ganas de volver a amar;
espero el próximo oleaje,
la próxima marea alta,
la próxima luna llena,
alguna barca que venga
que arribe por estas tierras.
Espero el abrazo de algún sueño,
uno que abrigue los pasos serenos,
el viaje es una travesía,
la vida es de a pasos cada día...
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