tardes en parques,
de cicatrices de enojo,
de caminadas por los pasillos de centros comerciales,
de discusiones enredadas con sonrisas camufladas,
de secretos confesados,
de besos apasionados,
de caricias,
de miradas profundas.
Recuerdos de lagrimas de dolor,
provenientes de recuerdos
que en tu alma hacen ecos.
Recuerdos de confesiones de amor,
conversaciones interesantes, profundas,
de suspiros indomables.
Recuerdos de una chica, de una niña bella,
recuerdos de regañadas,
de palabras de apoyo,
de manos entrelazadas,
de coqueteo.
Recuerdos de llamadas largas,
de holas y adioses,
de despedidas con besos,
de minutos eternos,
de cervezas, de sonrisas, de uno que otro cigarrillo.
Recuerdos de computadoras encendidas casi hasta el amanecer,
de buenos días, de buenas noches acompañados de largas jornadas
sin saber de como estabas, de como te sentías.
Recuerdos de preocupaciones, cosa que aun hago.
Recuerdos de palabras o frases no tan gratas,
amigo, no puedo, lastimar, es mejor alejarme;
otras que me elevaron en sus alas,
te quiero, te extraño, me haces falta, tengo ganas de besarte,
como desearía poder.
Son solo recuerdos, y son ellos los que me tienen enfermo,
enfermo de recordarte, de extrañarte a cada instante,
de no ver la hora de rendirme al deseo de llamarte,
enfermo de nostalgia,
enfermo de un amor,
de un sentimiento que no se ha dado cuenta
que ya murió.
Como me cuesta
sacarte del baúl que llevo en mi pecho.
como me cuesta
olvidar que te quiero,
como cuesta
aceptar que estas lejos...
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